SINTOMAS Y LESIONES

Los síntomas clínicos de todas las enfermedades vesiculares son similares y no pueden diferenciarse entre sí en condiciones de campo, por lo que siempre hay que recurrir al diagnóstico diferencial en el laboratorio.


Cualquier brote de enfermedad vesicular en cerdos debe hacer sospechar de Fiebre aftosa hasta que el laboratorio confirme de qué enfermedad se trata.

SÍNTOMAS INICIALES
· Fiebre durante los 2-5 primeros días de la infección hasta 40,5ºC ó más.
· Inapetencia y postración.
· Claudicaciones de aparición brusca en la explotación.
· Marcha vacilante y dorso arqueado.
  Tras el período de incubación de generalmente 3 a 7 días, los animales pueden manifestar o no síntomas. A veces, el primer síntoma en la explotación es la aparición repentina de claudicaciones coincidiendo con el brote de las lesiones, que son muy dolorosas, con postración y pérdida total del apetito debido a la dificultad para masticar y deglutir. Estos síntomas sólo se producen en los casos graves, ya que la EVC generalmente es subclínica. Debido a las lesiones en la cavidad oral, los animales manifiestan movimientos de lengüeteo y sialorrea.

 

Aunque no está descrita la infección de los fetos, las hembras pueden abortar debido a la fiebre, como sucede en otras infecciones víricas.

Si los animales enfermos son muy jóvenes, es más probable que sufran necrosis de miocardio (en un 50-100% de los casos) que los adultos, y pueden morir repentinamente.

¬ Vesículas rotas en proceso de cicatrización en el hocico. EVC experimental.


La aparición de la fiebre, que suele durar hasta 5 días, coincide con la viremia y el desarrollo de las lesiones cutáneas vesiculares. Las primeras lesiones aparecen generalmente en el rodete coronario y después en las otras localizaciones. Si las condiciones de estabulación no son buenas y el piso de la granja es muy abrasivo, la gravedad de las erosiones aumenta, en extensión y en tiempo de recuperación.

Extracción del líquido vesicular, de aspecto serosanguinolento.

 

Las vesículas aparecen a partir de las 48 horas de la exposición al virus, y tienen un tamaño variable de menores de 1cm a 3-5 cm en su diámetro más largo.

Desprendimiento del epitelio tras la formación de la vesícula, con exposición de la dermis, con aspecto rojizo y húmedo. Tarso. EVC experimental. ®

 

La localización característica de las vesículas en los rodetes coronarios, los espacios interdigitales, los tejidos blandos próximos a la pezuña y la zona plantar de las cuatro extremidades, el hocico, la cavidad oral (paladar blando y duro, labios y lengua) y las mamas en períodos de lactación, obedece a que son zonas que soportan presiones físicas y abrasiones por rozamiento.

Si otras zonas del cuerpo se someten a ese daño, también se desarrollarían vesículas en ellas.


Si no existen infecciones bacterianas secundarias los animales se recuperan en 15-20 días.

Según las últimas apariciones de la enfermedad, la presentación subclínica es la más frecuente.


LESIONES

Las lesiones macroscópicas se producen en la piel y en la mucosa oral, y afectan al epitelio escamoso estratificado.

Las zonas del epitelio afectado aparecen tumefactas, de un color más pálido en cuyo interior progresivamente se va acumulando un líquido seroso amarillento o incoloro formando las vesículas. El epitelio se va separando progresivamente del estrato basal, y las pequeñas vesículas van confluyendo hasta formar grandes aftas, que entre las 6 y 24 horas de su aparición se rompen, dejando en su lugar unas zonas erosionadas de color rojo y desprovistas de epitelio, aunque con flecos de piel alrededor. En ocasiones, el líquido vesicular se filtra a través de la capa córnea antes de que se forme una vesícula verdadera.

 

Vesículas en formación en los espacios interdigitales. EVC experimental.


Las lesiones macroscópicas tienen las mismas características en todas las localizaciones, aunque la probabilidad de infección bacteriana es mayor y más grave en las extremidades.

 

Las lesiones del corazón se manifiestan como zonas de extensión variable, generalmente fusiformes ó puntiformes, de color amarillento, en el miocardio y en el endocardio de los animales jóvenes, correspondiendo a una reacción inflamatoria y necrosis del miocardio y del endocardio. Estas lesiones son similares a las producidas en la Fiebre aftosa ("corazón atigrado" cuando son muy extensas), pero de hallazgo poco frecuente en EVC. También se puede producir una meningoencefalitis no purulenta en el cerebro, tálamo, tronco cerebral y lóbulos olfatorios.

¬ Microvesículas formadas y confluentes. Degeneración hidrópica de las células epiteliales, con aspecto eosinofílico y redondeado y desprendidas en el interior de la vesícula. Epitelio escamoso estratificado, extremidad anterior. H-E. x 250.


Microscópicamente, las lesiones coinciden con las de la Fiebre aftosa y las del Exantema vesicular, y todas ellas se diferencian de las de la Estomatitis vesicular. Las lesiones comienzan en el estrato espinoso, donde la infección origina una degeneración hidrópica y un edema intercelular. Las células epiteliales adoptan la forma esférica, a medida que el epitelio se expande, y se van rompiendo, formando microvesículas en el interior de las cuales se va acumulando líquido y en las que flotan células epiteliales desprendidas, bien aisladas ó en racimos.

Vesícula con células epiteliales con degeneración hidrópica e infiltrado inflamatorio abundante formado por neutrófilos y macrófagos, coincidente con una infección bacteriana secundaria. H-E x 400. ®

 

Poco a poco, las microvesículas confluyen formando vesículas mayores, que al romperse hacia el exterior, pueden sufrir una infección bacteriana, hallándose por lo tanto en la lesión abundancia de neutrófilos y macrófagos. El estrato basal permanece intacto.

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